Teresa Neumann

 

 

 

Teresa Neumann 1898 - 1962

 

 

 

BIOGRAFÍA

 

Teresa Neumann nació en Konnersreuth, Alemania, el 8 de abril de 1898. Su familia era muy pobre y profundamente católica. Como escribió en sus diarios, su deseo más grande había sido el de ser misionera religiosa en África. Pero, lamentablemente, a los veinte años sufrió un accidente que se lo impidió. En 1918 se incendió una granja vecina. Teresa corrió inmediatamente para auxiliar, pero en el intento de pasar los baldes de agua para apagar las llamas, tuvo una lesión grave en la médula espinal que le causó la parálisis en las piernas y la ceguera completa.

 

Teresa pasaba toda la jornada sumida en oración, pero un buen día sucedió un milagro ante la presencia del padre Naber, quien narra el hecho: “Teresa describió la visión de una gran luz mientras una voz extraordinariamente dulce le preguntaba si quería curarse. La sorprendente respuesta de Teresa fue que para ella todo sería bueno: curarse o quedarse enferma o inclusive, morir con tal que se hiciera la voluntad de Dios. La voz misteriosa le dijo que “hoy habría tenido un pequeño gozo: la curación de su enfermedad; pero que en adelante, habría sufrido mucho”

Durante algún tiempo, Teresa vivió en buenas condiciones de salud, pero en 1926 iniciaron las importantes experiencias místicas que duraron hasta su muerte: los estigmas, el ayuno completo con la Eucaristía como su único alimento.

 

Recibiendo la Eucaristía, su único alimento durante 36 años

 

El Padre Naber, quien le dio la Comunión todos los días hasta el día en que Teresa murió, escribió: “en ella se cumple a la letra la palabra de Dios: “mi Carne es verdadera comida y mi Sangre es verdadera bebida”.

 

Teresa ofrecía a Dios sus sufrimientos físicos porque desde el jueves, día en que Jesús inició su Pasión, ella perdía sangre de los estigmas hasta el domingo, día de la Resurrección. Y todo era para interceder en favor de los pecadores que pedían ayuda.

 

Teresa en éxtasis Viviendo la Pasión de Jesús

 

Cada vez que era llamada al lecho de un moribundo, ella era testigo del juicio que esa alma vivía luego de la muerte. Las autoridades eclesiásticas realizaron numerosos controles para verificar el ayuno de Teresa. Así, el jesuita Carl Sträter, quien fue el encargado por el Obispo de Ratisbona para estudiar la vida de la estigmatizada, confirmaba: “el significado del ayuno de Teresa Neumann ha sido el de demostrar a los hombres de todo el mundo el valor de la Eucaristía, hacerles entender que Cristo está verdaderamente presente bajo las especies del pan y que a través de la Eucaristía se puede también conservar la vida física”.

 

La vida de Teresa Neumann cambió radicalmente luego de la curación milagrosa de una parálisis y una ceguera contraída a los 25 años. Algunos años después recibió los estigmas e inició un ayuno que se extendería por 36 años, hasta su muerte. Su único alimento fue la Eucaristía. Por eso mismo, las autoridades nazis, durante la guerra, le retiraron el carnet de alimentación pero le concedieron doble ración de jabón para lavar las telas que cada viernes se empapaban de sangre porque revivía en éxtasis la Pasión de Cristo. Hitler guardaba sentimientos de temor hacia Teresa y ordenó que “!no sea tocada!

 

 

HISTORIA DE UNA SANTA

 

 

 

 

A lo lejos sonaban sordos cañonazos. Una guerra mordía sobre la campiña extranjera. Los americanos se agrupaban alrededor del lecho sencillo y limpio. Atardecía... Los gallos desgranaban sus roncos cacareos despidiéndose del día. La mujer de 47 años yacía en el catre. Sus ojos hundidos con enormes ojeras. Una mirada de obsesivo misticismo en ellos.

 

Yo no creo en nada de esto... aquí hay truco.

 

Era un cabo americano pequeño y rubio.

No terminaba la frase cuando la mujer daba un nuevo alarido. La sangre brotaba en espesas gotas de su frente. En una línea de puntos rojos. Se abrían heridas en la piel ante los ojos de todos.

 

No... que me lleven a... - el cabo no sabía qué decir. Estaba más pálido que la mujer. De allí en adelante, durante el resto de la noche, al fragor de los lejanos cañonazos comenzaba uno de los mayores misterios del mundo sobrenatural... el misterio conocido como "Estígmata". La campesina se llamaba Teresa Neumann. Cada jueves por la noche daba ante sus vecinos una exhibición de Estígmata como la que presenciaban los azorados marinos americanos. La villa bavara de Konnersreuth era el lugar en que se revivía la Pasión de Cristo cada semana. Era la primera vez que extranjeros veían el milagro.

Miren... está  cayendo en trance susurró uno de ellos.

 

Todos guardaban silencio. De repente alguien comenzó a rezar en voz alta. Muy pronto todos los soldados, hombres que habían peleado y asesinado en nombre de la guerra, rezaban juntos. Una especie de vacío místico en medio de la violencia y la maldad. La sangre fluía de nuevas heridas que se abrían. La piel sencillamente se rajaba. El líquido rojo y espeso brotaba a raudales. Las manos, los pies, el costado; la frente... toda ella era un mar de sangre denso, opaco y continuo.

 

No llega a mañana por la mañana con ese desangramiento - comentó un médico militar.

 

Todos estuvieron de acuerdo. Ya era noche cerrada. Sus gritos aumentaron. Teresa se revolvía sobre el lecho empapado en la sangre. A cada nuevo grito la sangre fluía con mayor fuerza. Calladas y silenciosas campesinas se ocupaban de limpiar la preciosa sangre a cada cierto tiempo. Para eso colocaban trapos inmaculadamente limpios en contacto con las sabanas. Cuando los trapos se impregnaban del rojo líquido los quitaban guardándolos como si fueran tesoros.

 

Cada casa en este lugar guarda uno de los trapos ensangrentados como objeto de veneración - explicó el capellán que marchaba con los marinos.

 

Un nuevo aullido de la mujer interrumpió su respuesta. Dos campesinas se acercaron a Teresa consolándola. Las lágrimas se confundían con los hilos de sangre que descendían por sus mejillas hundidas y pálidas como la cera.

 

No hay respuesta oficial de la iglesia... es... Estígmata- contestaba una mujer.

Amanecía... Los soldados, como en estado de trance hipnótico habían pasado la noche contemplando el milagro. Muchos de ellos habían hecho apuestas entre ellos. No llega a las tres de la madrugada... No llega a las cinco...

 

Con las primeras luces del amanecer Teresa Neumann volvió a ser una mujer normal. Una pobre y harapienta campesina como cualquiera de las que se ven a diario por los campos de Europa.

 

Con los primeros rayos del sol las heridas desaparecieron. Esa es la palabra correcta... desaparecieron. Allí en donde segundos antes había sangre, carne abierta y palpitante sólo quedaba la piel limpia y blanca. La mujer abrió los ojos... sonrió débilmente y elevó la mano haciendo la señal de la cruz sobre los presentes. Todos los soldados, sin excepción, cayeron de rodillas ante lo incomprensible.

Incluso las sábanas estaban blancas, completamente limpias. Ni un rastro, ni una gota de sangre en parte alguna. Terminaba el fenómeno de Estígmata.

 

Los soldados americanos eran los primeros en ver el extraño fenómeno. Sin embargo, Teresa Neumann había estado sufriendo de lo mismo por muchos años... veinte para ser exactos.

 

¿Cómo era posible semejante afluencia de sangre? ¿Cómo se podía disipar el líquido? ¿Cómo podía perder tan enormes cantidades de sangre sin morir? No hay respuesta médica... no la habrá  jamás.

 

Un soldado americano era escéptico. Mientras que Maria estaba en pleno apogeo de su estigmatización se acercó al lecho. Tomando un frasquito recogió directamente las gruesas gotas que escapaban de su frente. Dos días mas tarde tenía la respuesta del laboratorio. Sangre humana. No había dudas. No podía haberlas. Teresa Neumann tiene una historia interesantísima. Nacida en la misma villa en la que vivió toda su vida en la frontera con Checoslovaquia. Jamás salió de allí. Durante la Primera Guerra Mundial, mientras que se encontraba ayudando a varios campesinos amigos en la recogida de la cosecha sufrió una grave y dolorosa lesión en la espina dorsal. Los médicos fueron capaces de aliviar el dolor... pero no de sanarla. De esta forma Teresa se convirtió en una especie de vegetal humano.

 

Prendida a su silla de ruedas por el resto de la existencia. De allí en adelante su salud comenzó a deteriorarse. No había causa aparente para esta caída física. Sin embargo, las enfermedades hacían presa en Teresa una tras la otra. La parte izquierda del cuerpo se le paralizó. Las piernas perdieron la sensibilidad y el movimiento. Los ojos perdieron la visión. Parálisis, convulsiones, vómitos y ataques espasmódicos constituían la vida de la pobre mujer. Fue entonces que Teresa Neumann decidió rezarle a Santa Teresa de Ávila a fin de que le devolviera la vista.

 

Santa Teresa de Ávila vivió en España de 1515 a 1582. Desde muy pequeña sufrió (al igual que Teresa Neumann, de una serie de enfermedades que la mantenían al borde de la tumba) Sin embargo, la futura Santa, contra la voluntad de sus padres ingresó en un convento llamado de la Encarnación y situado en la ciudad de Ávila. Tenía la niña 12 años cuando entró en el convento. Durante los 18 años que sirvió a las órdenes de Dios tras de las impenetrables paredes de su monasterio tuvo varias visiones místicas y religiosas. El Convento de la Encarnación tenía fama en España por la extremada austeridad de su vida. Teresa de Ávila superó esta austeridad. Su vida se convirtió en una simple comunión con Dios. A su muerte dejó una estela de milagros que pronto hicieron que la iglesia Católica la canonizara.

 

La beatificación fue‚ otorgada a Teresa de Ávila el mismo día en que Teresa Neumann rezó por sus ojos. Poco días después la pobre campesina recobraba la vista de un instante al otro. Claro está  que atribuyó el milagro a Santa Teresa de Ávila. Dos años más tarde, cuando Santa Teresa alcanzó la canonización Teresa Neumann le rezó nuevamente pidiéndole que le devolviera el uso de sus piernas. Una semana después la campesina caminaba perfectamente.

 

El resto de sus achaques físicos desaparecieron por igual. Al año siguiente tuvo su primera Estígmata. Se trataba de una copia exacta de las heridas que afligieron a Jesús en la Cruz, Preguntada al respecto ella contestó "La visión de Cristo y su agonía es tan inenarrable que ya no puedo ser como los otros mortales. Me dedicaré a sufrir por él... por lo que sufrió por nosotros" Anuncio Teresa Neumann.

 

Entre sus promesas especificó que "No probaría más alimento sólido en su vida. Su cuerpo material debía mantenerse con cucharadas de agua solamente" Los médicos la previnieron de que era imposible mantener el cuerpo y el alma juntos con semejante dieta. Pero ella aseguró que "Dios la mantendría viva"... y así sucedió. En septiembre de 1927 aumentó aún más la austeridad de su vida. Se negó a tomar las cucharadas de agua. Todo su alimento consistía en la hostia y el vino que tomaba en la consagración una vez a la semana. De allí en adelante, exactamente cada siete días aparecía la Estígmata en Teresa Neumann. Lo que los soldados americanos habían contemplado era la historia de una manifestación sobrenatural conocida por estigmatización y que tiene 700 años de antigüedad.

 

Las heridas de la estigmatización son semejantes a las de Cristo en la Cruz. La sangre que mana por estas heridas es incorruptible. Puede guardarse en cualquier contenido sin que se eche a perder. Los sangramientos continuaron a intervalos regulares. Esto dio como resultado que enorme cantidad de peregrinos, curiosos y todo tipo de personas viajaran desde remotos lugares para ver a la "mujer que sangra como Cristo" Teresa Neumann, la más conocida de las estigmatizadas continuó viviendo a pesar de sus enormes pérdidas de sangre cada semana hasta la avanzada edad de 88 años. Uno de los grandes misterios de Neumann era su supervivencia con aquella terrible pérdida de sangre y su negativa a ingerir alimentos. "Si algún milagro existe en la Estígmata está en el hecho de que esta debía haber muerto en quince días" aseguraron los médicos allegados al caso.

 

 

LA SIERVA DE DIOS

 

 

Teresa Neumann, también conocida con el diminutivo  “Teresita de Konnersreuth”, nació en la noche del 8 al 9 de abril de 1898 (la noche del Viernes al Sábado Santo) en Konnersreuth, diócesis de Regensburg (Ratisbona), en Baviera. Era la primera de once hijos de una familia de condición humilde; su padre era sastre. De 1904 a 1911 asistió a la escuela local, concluyendo sus estudios brillantemente.

 

Dado que era una niña sana y fuerte, entró al servicio de un campesino, donde desarrollaba con esmero duros trabajos. Fue en esos años donde manifestó su deseo de ser religiosa misionera, marchando a África una vez que su trabajo no fuera ya necesario para sostener a su familia. Por este motivo, ya entonces estableció sus primeros contactos con las Benedictinas misioneras de Tutzing (Alta Baviera).

 

Sin embargo, su vida tuvo que tomar una dirección muy distinta a sus deseos. Después de un accidente, el 10 de marzo de 1918, durante una feria, quedó paralítica, y hacia mediados de marzo del año siguiente, la ceguera se añadió a la parálisis.

 

Teresa Neumann soportó esta dura prueba con una gran conformidad a la voluntad de Dios, ayudada por su buen párroco y padre espiritual, Joseph Naber. Permaneció junto a su padre, que durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) estuvo en Francia, de donde trajo una imagen de la santa carmelita francesa Teresa de Lisieux, a la que veneraba desde entonces. El día de la beatificación de la carmelita, el 29 de abril de 1923, desapareció repentinamente su ceguera, aunque continuaba su parálisis.

 

Pocos años después, el 17 de mayo de 1925, día de la canonización de Teresa de Lisieux, se sintió repentinamente curada, dando los primeros pasos. Algunos meses después, el 30 de septiembre, día del nacimiento para el cielo de Santa Teresita († 1897) pudo caminar sola sin necesidad de asistencia de otra persona.

 

En la Cuaresma de 1926 comienzan los fenómenos extraordinarios que produjeron gran sensación y cuya autenticidad hoy se examina. Se trata de visiones que le dan a conocer la vida y la pasión de Jesucristo. Además, recibió en su cuerpo la impresión de los estigmas. Desde entonces, y hasta el final de su vida, vivió la pasión de Cristo. Este hecho atraía a Konnersreuth millares de personas. Teresa es conocida en todo el mundo por su configuración espiritual.

 

Admiradores y críticos se han manifestado sobre estos fenómenos.

Desde agosto de 1926 no sentía hambre; desde la Navidad de ese mismo año rechazaba cualquier comida. Al principio tomaba un poco de agua después de la comunión, pero desde septiembre de 1927 hasta su muerte también renunció a ello, quedando la Comunión diaria como su único alimento.

 

Desde el verano de aquel año el Vicariato de Ratisbona dio orden de vigilarla estrechamente. Por último –aunque no menos importante- Teresa Neumann tenía una sensibilidad muy viva hacia los peligros de su época. Por eso opuso una valiente resistencia al régimen nazi, reuniendo personas afines a su pensamiento, para las que llegó a ser una estimada consejera. Entre ellas encontramos al Doctor Fritz Gerlich, que más tarde, como cristiano practicante y combatiente contra el nazismo, perdió su vida en el campo de concentración de Dachau, así como el padre capuchino Ingbert Naab, muerto en el exilio. También obispos y cardinales le pidieron consejo. Aun así, nunca dejó de ser la sencilla hija del sastre que rechazaba toda forma de protagonismo. Dedicaba su amor y toda su atención a los enfermos y agonizantes, a las flores y los pájaros, criaturas del Señor. Teresita ofreció sus sufrimientos en reparación de los pecados de los demás. Por iniciativa suya surgió un seminario de vocaciones tardías en Fockenfeld y un monasterio de adoración, el “Teresianum”.

 

Teresa murió en olor de santidad, después de una breve enfermedad, el 18 de septiembre de 1962. El 22 de septiembre fue sepultada en el cementerio de su ciudad. Desde entonces, su tumba se ha convertido en meta de numerosas peregrinaciones. Han sido atribuidas a su intercesión muchas gracias que demuestran la devoción confiada que los fieles le profesan.

 

 

Dichos de Teresa

 

“Todo me parece bien, vivir, morir, estar sana o enferma; deseo lo que el Señor quiere, porque Él sabe lo que será mejor para mí”. 

 

“El amado Salvador ayuda para que todo sea para bien. Permanezcamos unidos a Él, también en la prueba. “Permanezcamos unidos en la oración”.